madrid por sí sola ya es emocionante pero si aliñas la zona centro con un grupo de locos, bohemios, poetas, actores, escritores, señoras de abrigo de pelo, greñudos, estudiantes, perdidos y turistas alemanes (que me preguntaron a mí que qué era eso) te sale.... LA NOCHE DE MAX ESTRELLA
yo el año pasado en televisión lo viví emocionada así que el martes pasado os podeis hacer una idea.
El primer gran momento fue el de "el castigo sin venganza" del señor LOPE, que leyó Santiago Martín Bermúdez
El otro fue cuando casi me mata una señora al cogerle el teléfono a Alicia que quería saber donde estábamos... seguido del gran discurso esperpéntido de Moncho Alpuente y Jesús Cracio.... lo vivían!!! y lo vivimos jeje.
El momentazo cumbre fue cuando Miguel Gallardo reivindicando al bohemio Buscarini, personaje que actualmente representa en el teatro. Y bueno ya lo fuertísimo del todo fue cuando le eché tantísimo morro que fui a preguntarle un par de cosas para mi crónica de periodismo radiofónico.
La obra de teatrillo esa que hicieron... define la palabra patético, y no esperpéntico (que sospeco que es lo que pretendían)... fue demasiado fuerte. Cuando pidieron levantar las manos para entonar el AY BA... nos levantamos y alzamos los brazos porque sí: eso era un auténtico atraco.
Los churros de después eso sí: deliciosossss, vaya cena bohemia que nos pegamos chicos!!!
aquí el parlamento de Federico en El castigo sin venganza, que recitaron:
Pues, señora, yo he llegado
perdido a Dios el temor
y al duque, a tan triste estado,
que éste mi imposible amor
me tiene desesperado.
En fin, señora, me veo
sin mí, sin vos, y sin Dios.
Sin Dios, por lo que os deseo;
sin mí, porque estoy sin vos;
sin vos, porque no os poseo.
Y por si no lo entendéis,
haré sobre estas razones
un discurso, en que podréis
conocer de mis pasiones
la culpa que vos tenéis.
Aunque dicen que el no ser
es, señora, el mayor mal,
tal por vos me vengo a ver,
que para no verme tal,
quisiera dejar de ser.
En tantos males me empleo,
después que mi ser perdí,
que aunque no verme deseo,
para ver si soy quien fui,
en fin, señora, me veo.
A decir que soy quien soy,
tal estoy, que no me atrevo,
y por tales pasos voy,
que aun no me acuerdo que debo
a Dios la vida que os doy.
Culpa tenemos los dos,
del no ser que soy agora,
pues olvidado por vos
de mí mismo, estoy, señora,
sin mí, sin vos y sin Dios.
Sin mí no es mucho, pues ya
no hay vida sin vos, que pida
al mismo que me la da;
pero sin Dios, con ser vida,
¿quién si no mi amor está?
Si en desearos me empleo,
y él manda no desear
la hermosura que en vos veo,
claro está que vengo a estar
sin Dios, por lo que os deseo.
¡Oh, qué loco barbarismo
es presumir conservar
la vida en tan ciego abismo
hombre que no puede estar
ni en vos, ni en Dios, ni en sí mismo.
¿Qué habemos de hacer los dos,
pues a Dios por vos perdí,
después que os tengo por dios,
sin Dios, porque estáis en mí,
sin mí, porque estoy sin vos?
Por haceros sólo bien,
mil males vengo a sufrir;
yo tengo amor, vos desdén,
tanto, que puedo decir:
¡mirad con quién y sin quién!
Sin vos y sin mí peleo
con tanta desconfïanza.
Sin mí porque en vos ya veo
imposible mi esperanza;
sin vos, porque no os poseo