1974. La fundación. Antonio Buero Vallejo
Se estrena en 1974, en los últimos años del franquismo. Sigue vigente la pena de carcel y de muerte. La censura está más debilitada pero mantiene el control sobre los medios de comunicación. Buero Vallejo escribe en una línea posibilista: ajusta a las imposiciones de la censura el mensaje que ofrece, así puede llegar a estrenarse y a los receptores, aunque no en las condiciones de libertad que se querían.
Un grupo de jóvenes se encuentran en una fundación de estudio para el progreso. Uno de ellos parece estar loco, o que los demás le estén gastando una broma intentando hacer que lo parezca: ve como desaparecen cosas y su habitación de la fundación se convierte en un lugar hostil. En la segunda parte descubre que está en la cárcel.
El tema fundamental de la obra es que no es imposible alcanzar la libertad si primero no se admite que no se tiene. Solo puede vencerse la realidad mediante la realidad, no con la fantasía escapista. Denuncia dos tipos de cárceles: las del estado y las de la mente.
Podría interpretarse como una revisión moderna del mito de la caverna de Platón.
El personaje-perspectiva es Tomás, un joven que altera la realidad que no le agrada y la idealiza para escaparse de ella. La única manera de escapar de la realidad es asumirla y cambiarla.
A través de sus visiones comunica la idea de la cárcel total. El público asiste a la transformación de la Fundación en cárcel a través de los ojos de Tomás.
La estructura es circular. Se parte de una situación a la que se vuelve. Cuando Tomás va a las celdas de castigo un nuevo grupo de hombres entra a la celda donde estaba y la ve como una fundación.
La acción comienza in medias res. Tomás es un preso que tras sufrir tortura ha delatado a sus compañeros de celda. Como no puede soportar la culpa inventa un mundo.
Tiene dos partes:
Domina el efecto de inmersión de Buero Vallejo. Los espectadores percibimos la fundación como la percibe Tomás. Al final de esta parte empieza a desengañarse. Aferra un barrote que no ve pero ya siente como tal. Culmina con la liberación mental.
Tomás ya percibe la realidad casi como sus compañeros. Pasado el delirio de Tomás, se impone la reflexión sobre la situación real y la búsqueda de la manera de fugarse de allí. Liberación total ¿o no?
La actitud de los personajes vertebra la obra.
Hay un gran simbolismo:
Escenario cambiante: cuidada y significativa en la obra de Buero. Aquí se deforma y cambia ante los ojos de Tomás, la escenografía hace que el espectador evolucione como lo hace el protagonista.
El mal olor del cuarto de baño que funciona (un compañero muerto) es una metáfora de que lo que ve no es lo que es.
Los hologramas de Tulio introducen el tema de la realidad ilusoria.
La pipa de Asel, lo presenta como el intelectual.
Las apariciones de Berta (novia de Tomás) simboliza la aspiración y la felicidad de este, encarna también la opresión.
Los personajes son bastante arquetípicos.
Tomás es un hombre débil. Deforma la realidad porque no puede soportarla. Verdaderamente no añora la libertad sino su libertad.
Asel es el lider. Es respetado, intelectual. Al mismo tiempo es un hombre de acción y realista. Sabe que no soportará la tortura y decide suicidarse.
Lino es también un hombre de acción. Mata a Max para castigarlo por su delación y acompaña a Tomás en su fuga.
Max es el delator.
Tulio que es inquietante y hostil luego se muestra gallardo, cuando se lo llevan para ejecutarlo. Es duro.
La muchacha simboliza la libertad engañosa que desea Tomás y encarna a la mujer que desea y no puede obtener.
Los carceleros son anónimos y siniestros. No hay rasgos de humanidad.
La fundación es una obra que habla de la falta de libertad más que de la propia libertad. Aparecen temas secundarios como la solidaridad, la traicion o la venganza. La esperanza es una difícil fuga. Con ello Buero afirma que la libertad, si existe, no será fácil alcanzarla.