1. El Romanticismo: marco histórico y cultural. Características esenciales del Romanticismo.
El Romanticismo tuvo su origen en las complejas circunstancias políticas, sociales y culturales en Europa. En España su aparición fue tardía por la situación en que se encontraba el país.
La historia de España en entre los años 1808 y 1868 estuvo marcada por tres acontecimientos:
- la invasión francesa: levantamiento del 2 de mayo en 1808 y la guerra de independencia. Se inició también un enfrentamiento ideológico y político que desembocó en una guerra civil entre monárquicos y liberalistas.
- las tendencias conservadoras de Fernando VII. La censura y la Inquisición provocaron el exilio de muchos intelectuales y políticos liberales. Durante el Trienio liberal (1820-1823) regresaron algunos.
- a la muerte del rey se inició un periodo de luchas por el poder por lo que hubo una tremenda inestabilidad política. También tuvieron lugar las guerras carlistas. En 1868 la revolución puso fin al reinado de Isabel II.
En el Romanticismo español se distinguen varias etapas.
- introducción y difusión (1805 – 1834). Se publican una serie de artículos sobre ideas literarias y el periódico “el europeo” de Barcelona son las vías de introducción.
- apogeo (1834 – 1850): con el regreso de los exiliados se convierte en la corriente estética predominante. Va desde “la conjuración de Venecia” de Martínez de la Rosa hasta “Traidor, inconfeso y mártir” de José Zorrilla.
- posromanticismo (desde 1850). La influencia se nota en imitaciones. También tiene lugar un romanticismo tardío con autores como Bécquer y Rosalía de Castro.
El Romanticismo es el producto de una profunda crisis que se manifiesta en las ideologías y en las corrientes estéticas. El romántico protesta contra los valores impuestos por el mundo burgués.
El romanticismo defiende el poder creador del espíritu, el derecho a la imaginación, al sentimiento y a la pasión. El yo artístico y la libertad absoluta.
Estas son algunas de las características más importantes.
- el rechazo de la realidad y la huida por medio de la imaginación. El descontento con su realidad motiva dos actitudes: la rebelión y la huida. Atacan los modos de vida convencionales y reivindican los personajes marginales como el pirata. La evasión es una consecuencia del rechazo de la realidad. Los países exóticos y el pasado eran refugios para el poeta.
- el análisis de la intimidad. Al explorar su interior y analizar sus sentimientos el poeta se puede encontrar con dos situaciones: la realización del amor y la libertad (su obra es pletórica, feliz, conforme, armoniosa…) o la no realización de estos (un estilo atormentado, gris, oscuro…).
- la importancia del paisaje y los ambientes. La naturaleza sirve para exteriorizar los paisajes interiores del artista. A eso se debe la abundancia de ambientaciones: cementerios, bosques, jardines, ruinas, monasterios… para expresar la angustia del poeta.
- En cuanto a técnica y estructura se da la libertad creativa: mezcla y confusión de estilos y géneros dentro de la misma obra. Los personajes suelen ser tipos, sin complejidades psicológicas. El estilo dominante suele ser retórico. Se da una sonoridad y brillantez a veces excesivas.
El realismo literario. Marco histórico y cultural.
Características. Autores y obras más significativas.
El realismo es un movimiento cultural que pretende reaccionar contra los excesos románticos anteriores. Se caracteriza por enfrentarse a la realidad en lugar de evadirse como hicieron los románticos. Se inicia a mediados del siglo XIX y se cultiva hasta bien entrado el siglo XX.
El siglo XIX estuvo marcado por continuas revueltas y cambios de gobierno. Motivo y causa de estos cambios fueron los enfrentamientos ideológicos de liberales y conservadores. Con la Restauración del Antiguo Régimen por Alfonso XII en 1875 se vivió un periodo de relativa tranquilidad, se inició una peculiar forma de gobierno caracterizada por la alternancia en el poder de los dos grupos políticos más fuertes del momento. En este periodo se asienta la burguesía en toda Europa y aparece la clase proletaria, consecuencia de la Revolución Industrial. Surgen los movimientos obreros.
En el campo de la ideología cultural se siguen manteniendo las diferencias entre liberales y moderados. La literatura realista refleja claramente estas dos maneras distintas de concebir el mundo, como también lo hace con los movimientos obreros y nuevos movimientos políticos. El realismo nació también como rechazo a las normas burguesas.
En Francia nació el Naturalismo que posteriormente se extendió por casi toda Europa. Este movimiento lleva al extremo los presupuestos realistas. Fue un movimiento polémico que no llegó a tener fuerza en España debido a la contradicción que suponía cultivar este género desde presupuestos católicos.
El género por excelencia del realismo es la novela.
La principal característica de este periodo es la observación y narración objetiva de los hechos. Nace del análisis de la realidad que se narra desde todos los ángulos posibles. Las obras se ficción se presentan como trozos de la realidad. Conseguir verosimilitud es uno de los principales objetivos del autor.
El escritor refleja su sociedad, la parte que él conoce y puede reflejar minuciosamente. Los espacios y algunos personajes son reconocibles. Predominan los ambientes de clase media y hacia finales del XIX se da una mayor importancia a los personajes marginales.
La psicología de los personajes es muy compleja. Se estudian los hechos anteriores que han podido motivar o condicionar su conducta.
La escritura muchas veces está guiada por una tesis ideológica que el autor pretende consolidar con su obra, en muchas ocasiones se ve una narración forzada por este motivo. Esto da también lugar a personajes complejos y a otros sin ningún interés.
Se persigue un lenguaje natural. El narrador mantiene un registro culto, literario mientras que los personajes se expresan de acuerdo a su condición social.
La utilización de un narrador omnisciente es casi general. Controla todos los detalles por lo que es más fácil expresar a través de él la psicología de los personajes. Controla el tiempo, los hechos y la perspectiva narrativa a su antojo.
Muchas obras realistas se publicaron por entregas en periódicos lo que afectó a su forma. Un ejemplo es el mantenimiento de la tensión al final de cada capítulo. Dio lugar a un subgénero (personajes estereotipados, argumento truculento o situaciones inverosímiles).
Con el realismo se introduce la práctica del estilo indirecto libre en la narración, donde se combinan la espontaneidad del estilo directo y las posibilidades expresivas del indirecto.
Cecilia Bölh de Faber introdujo el realismo en España. Como pseudónimo eligió un nombre masculino para evitar problemas sociales. Entre otras escribió “la gaviota”.
Pedro Antonio de Alarcón es uno de los primeros autores. Su obra “el sombrero de tres picos” es quizá la más famosa del teatro realista.
Juan Valera fue un novelista conservador. Cultivó varios géneros, destacan las novelas de realismo rural como “Pepita Jiménez”.
Emilia Pardo Bazán introdujo e intento cultivar el Naturalismo, que en su caso fue más que moderado. Algunas de sus obras más conocidas son “la cuestión palpitante” y “los Pazos de Ulloa”.
Blasco Ibáñez es un escritor tardío. Cuatro de sus novelas fueron llevadas al cine por la gran industria hollywoodiense: “los cuatro jinetes del Apocalipsis”, “cañas y barro”, “sangre y arena” y “la barraca”.
Benito Pérez Galdós nació en las Palmas, pero la mayor parte de su vida residió en Madrid, una constante en sus obras. Fue diputado en la I República, novelista, periodista y director del Teatro Nacional. Es uno de los escritores más prolíficos y reconocidos del realismo. Destacan novelas como “misericordia” y “Fortunata y Jacinta” junto con los “Episodios nacionales”, varios volúmenes que recogen la historia de España de todo el XIX. Dota a algunos personajes de una vida tan consistente que los reutiliza en varias de sus novelas. Son muchas las novelas que han sido adaptadas al cine: “Nazarín” y “Viridiana” por Buñuel a principios de siglo y varias versiones de “Fortunata y Jacinta” o “el abuelo”.
Leopoldo Alas “Clarín” en su época era conocido como crítico literario. Publica narraciones breves, cuentos y novelas. Utiliza constantemente el estilo indirecto libre en sus novelas. Destaca una extensa novela titulada “la regenta”.
El realismo no fue solo una corriente española, en el europeo destacan nombres como Flaubert “Madame Bovary”, Dickens (“Oliver Twist”), Tolstoi (“Guerra y paz”), Dostoievski “crimen y castigo” o Zola “cuentos para Ninon”.
La obra narrativa de Pío Baroja.
Pío Baroja nació en San Sebastián en 1872. Se doctoró en Medicina con una tesis sobre “el dolor”, lo que dice mucho de su personalidad y su escritura.
Tras colaborar en diarios y revistas literarias en 1900 publica sus primeros libros. Es un autor muy prolífico, en los diez años siguientes escribe, además de cuentos, artículos y ensayos, diecisiete novelas.
En 1935 ingresa en la RAE. La Guerra le sorprende en el País Vasco, de donde emigra a Francia. En 1940 vuelve a Madrid y recupera su vida tranquila.
Fue un hombre solitario y amargado, de alguna manera más sensible de lo necesario. Al mismo tiempo y en algunas ocasiones rabioso era un hombre de una sinceridad absoluta. En algunos momentos añora ser un hombre de acción por lo que dota a algunos de sus personajes de esta vitalidad.
Él y su literatura se caracterizan por un escepticismo existencial, aplicable a todos los ámbitos de su vida: religión, política, humanidad, ciencia… Tiene una desconfianza radical en el ser humano y cualquier modelo de convivencia. La raíz puede encontrarse en Schopenhauer o Nietze.
También refleja esto en personajes inconformistas: unos luchan por cambiar las cosas y otros resignados.
En política, cercano al anarquismo, sólo tomó de éste la idea de demoler la sociedad establecida.
Pío defiende la novela abierta.
No le preocupa en exceso la composición.
Sus novelas eran una sucesión de argumentos, episodios o anécdotas. No le preocupaba la unidad de la obra y llegó a afirmar que eran posibles novelas sin argumento.
Las cualidades de un buen novelista debían ser la imaginación, la invención y la observación.
Aunque confiesa no defender una tesis de sus novelas se desprende su cruel concepción del mundo y los hombres. Ideas siempre relacionadas con la experiencia vital del personaje.
Reconocía escribir sin técnica, intuitivamente, lo que supone una ruptura total con la novela anterior (realista).
Tiene incorrecciones en su escritura, aunque coherente con su espontaneidad narrativa. Lleva así al extremo la tendencia antirretórica de los noventayochistas.
Prosa rápida y nerviosa, vivísima. No tradicional. Literatura de acción.
El tono de sus escritos es agrio y amargado con tono tierno sobre todo a la hora de describir a los débiles o sufridores.
Prefiere la frase y el párrafo breves.
Sus descripciones son como pinceladas, pinturas rápidas que con pequeños detalles producen una intensa impresión de la realidad.
Los diálogos son naturales.
Sus novelas pasan de 60.
Destacan sus trilogías.
Tierra vasca: La casa de Aizgorri (1900), el mayorazgo de Labraz (1903) y Zalacaín el aventurero (1909)
La lucha por la vida: la busca (1904), mala hierba (1904) y aurora roja (1905)
Otras trilogías son: la vida fantástica, las ciudades, el mar o la raza, donde se incluye su novela más conocida: el árbol de la ciencia. Considera que este es su mejor libro, y bien cierto es que resume el espíritu de Baroja. Muchos de sus párrafos se repiten en su biografía memorias. Es una radiografía de la sensibilidad y los conflictos de la época.
En cuanto a su muerte, se baraja la hipótesis del suicidio. Se le supone el mismo final que a Andrés Hurtado: protagonista de el árbol de la ciencia.
Las vanguardias: tendencias y características. La obra de Ramón Gómez de la Serna.
Al conjunto de movimientos culturales fugaces e intensos que afectan a todo tipo de artes de principios del XX (hacia 1914) se les denomina vanguardia, como conjunto. Significa una ruptura, la más radical de la historia de las artes y letras, que se opone a la estética anterior. Algunos de los movimientos más populares son: expresionismo, futurismo, cubismo, dadaísmo y el más importante e influyente de todos ellos, el surrealismo.
Los autores españoles sintonizan con las vanguardias europeas. Se produce así un alejamiento de la realidad.
Proliferan las tertulias (Café de Pombo presidida por Ramón o la del Café Colonial) y revistas interesantes, muchas de ellas efímeras aunque también hubo excepciones como “la revista de occidente” que todavía hoy se edita de Ortega (1923).
Destaca la figura de Ramón Gómez de la Serna, Ramón (Madrid 1888 – Buenos Aires 1963). El mundo era para él un circo con cierto tinte amargo.
Su vida y obra rompen por completo con las convenciones estéticas y sociales; cultiva lo extravagante. Era capaz de dar conferencias vestido de torero o sobre un elefante. Encarna la vanguardia.
Defendió nuevas corrientes, publicó “ismos” (1931).
Su obra es muy extensa y el eje central es la greguería. Es un género inventado por él hacia 1910. Son asociaciones ingeniosas de ideas. “humorismo+metáfora=greguería”.
“hay beatas que rezan como los conejos comen hierba”, “hay suspiros que comunican la vida con la muerte”.
Escribe también cuentos y novelas, biografías, memorias (automoribundia) y ensayos.
Influyó en poetas inmediatamente posteriores, tras la guerra hubo un explicable alejamiento de su obra pero hoy vuelve a admirarse su creatividad.
FUTURISMO. Exalta la civilización mecánica y técnica. Aquí se conoció por Ramón pero no creo escuela. En la generación del 27 hay acercamientos por parte de Salinas o Alberti, que compone un madrigal al billete de tranvía y canta a actores.
ULTRAÍSMO. Recogió elementos futuristas y cubistas. Efímero en España. Cultiva el antisentimentalismo e incluye temas maquinistas y deportistas. Aparecen los caligramas (imágenes con palabras).
CREACIONISMO. Nace en Francia y aquí lo acerca Huidobro. Se aleja de la realidad, abstracción. La imagen no se basa en la comparación de dos realidades.
SURREALISMO.
Es la revolución artística más importante del XX. Supone un cambio radical en la concepción del arte y el trabajo del artista.
La realidad es una mentira, una máscara, hay que encontrar una suprarrealidad.
El surrealismo es más que un estilo un mecanismo para crear: ya que son creaciones espontáneas, procedentes del subconsciente y liberación total del hombre pero intencionadas. En España no se practica la creación inconsciente, se moldea el subconsciente para aplicarlo al arte.
Se utiliza el lenguaje de los sueños (onírico) incluso a veces se recurre a drogas alucinógenas para retratar esas visiones en el arte.
También cambia la manera de leer, el lector no entendía las palabras pero despertaba sensaciones en él.
Influye sobre todo en la generación del 27 (Lorca “poeta en Nueva York”, Alberti “sobre los ángeles”, Aleixandre, Buñuel, Dalí).
Con el surrealismo vuelve lo humano, social y político a la literatura.
Todavía hoy permanece la influencia surrealista en cine, video-clips, literatura, pintura…
La prosa de vanguardia o de la generación del 27 no había suscitado hasta hace unos años la atención que merece. Destacan Ernesto Gómez Caballero y José Bergamín.
Entre los novelistas del 27 encontramos a Ramón J. Sender, Max Aub, “cazador en el alba” (1930) de Francisco Ayala y “estación, ida y vuelta” (1930) de Rosa Chacel.
Su producción más importante se da tras la guerra.
En este periodo se pasa de una experimentación narrativa a una prosa al servicio de la lucha social y política. Los autores no son ajenos al momento.
Así nace la novela social de los años 30, con temática de lucha obrera y técnica y estilo realista casi de reportaje, en algunos textos se mantienen rasgos de vanguardia. Destacan Arconada y Sender.
La generación del 27: características. Autores y obras más significativas.
Esta generación conforma el grupo poético más extraordinario del siglo XX.
Casi todos ellos vivían en la residencia de estudiantes de Madrid. Vinculados por una estrecha amistad, intensa vida común y afinidades estéticas en un principio muy notables. No solo había escritores en este grupo, Buñuel y Dalí también pertenecían.
El grupo era de talante abierto, liberal y progresista. El motor del grupo era Gerardo Diego. Otros escritores eran Salinas, Alberti, Lorca, Aleixandre, Neruda o Dámaso Alonso. Juan Ramón Jiménez, a pesar de su carácter estuvo interesado en este grupo de jóvenes a quienes se puede decir que apadrinó.
El nombre viene de una reunión en el Ateneo de Sevilla para homenajear a Góngora en su centenario por una falta de iniciativa institucional.
CARACTERÍSTICAS
El grupo y los miembros tienen una notable tendencia al equilibrio entre posturas aparentemente irreconciliables como pueden ser la tradición y la renovación o lo culto y popular. Se mezclan influencias de Manrique, Gracilaso o Lope de Vega con la lírica popular y el cancionero.
Se mezcla también lo sentimental e intelectual. Con la emoción no basta. La poesía es un producto del intelecto no del corazón, esto es una influencia del surrealismo, pero hay que dar forma al subconsciente. A pesar de trabajar el poema, se mueven en una concepción casi mística de la poesía.
En un principio buscan la poesía pura. Es un artefacto para desencadenar emociones. La metáfora y la imagen son las encargadas. Las consecuencias de este tipo de escritura son el hermetismo y la dificultad.
Cada vez se preocupan más por la realidad humana, el contenido del poema, dejando a un lado la poesía pura.
Se mueven entre lo mayoritario y minoritario. Buscan todos los estratos sociales. Un ejemplo es el experimento de “la barraca” compañía de teatro de estudiantes creada por Lorca para acercar el arte a todos. Buscan “la inmensa compañía”.
Se evoluciona del yo al nosotros, como casi todos los poetas del XX. Sobre todo se da en los poetas del exilio. La poesía se convierte en una herramienta política contra Franco, pasa a ser poesía de combate. Algunos representantes son Alberti, Machado y Blas de Otero.
Entre lo universal y lo español. Vanguardia de Europa y tradición popular Española.
La guerra afectó a todos los poetas del 27. Lorca murió fusilado, los demás excepto Gerardo Diego, Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre tuvieron que exiliarse. Los poetas, pasado el tiempo, recuperan poco a poco su voz antigua y la modifican en función de las nuevas circunstancias. Los años tiñen su poesía de matices diversos dependiendo de la situación personal de cada uno.
LORCA. (1898-1936). Genio en la fusión de tradición y vanguardia, magistralmente utilizado en “romancero gitano” (1928). Lirica popular y metros clasicos sirven para dar forma al destino trágico de todos los personajes de su obra. La esperanza de vivir se tiñe de negro por un destino trágico al que están abocados. Siempre en defensa de los oprimidos y marginados. Con metáforas sorprendentes elabora un sistema simbólico personal que dota a toda su obra de un estilo inconfundible.
En línea andalucista “poema del cante jondo” (1931). En “poeta en Nueva York” (1929-1930) es su obra más surrealista, donde inspirado por la ciudad y el crack del 29 critica la civilización industrial e inhumana.
ALBERTI. (1902-1999). De inicios neopopulistas, cultiva también la poesía futurista “cal y canto” (1929) y el surrealismo de “yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos” (1935) dedicado a cómicos del cine mudo. El compromiso político aparece en varios de sus títulos “un fantasma recorre Europa”. Durante el exilio, plasmó su nostalgia en “retornos de lo vivido lejano” entre otros. La obra de Alberti es muy extensa y variada.
LUIS CERNUDA. (1902-1963). El tema central de su obra es el amor insatisfecho. Su anhelo de belleza tropieza con un mundo vulgar.
Lenguaje sencillo y tono coloquial que influye en la poesía de los 60. Adopta ritmos poco convencionales en poesía.
“la realidad y el deseo” incluye poemas puristas “perfil del aire” (1927) y otros que mezclan surrealismo y romanticismo “donde habita el olvido” (1934).
Retrata su exilio en “vivir sin estar viviendo” (1949).
La obra teatral de Ramón del Valle-Inclán.
Ramón Valle Peña nace en Pontevedra, en 1866. Empezó a estudiar Derecho lo abandona y se traslada a México.
Al regresar a Madrid lleva una vida bohemia. Su aspecto era algo peculiar, reconocible por todos: barba larga, melena y manco; perdió el brazo izquierdo en 1899 de un bastonazo en una pelea con un amigo periodista: se le infectó y tuvieron que amputarlo. Su fama se extiende por toda la ciudad debido a sus obras y sus excentricidades.
En 1907 se casa con Josefina Blanco.
Su dedicación a la literatura fue absoluta, a pesar de las privaciones que sufría su familia. Era un autor inconformista y perseguidor de nuevas formas.
En 1935 regresa a Santiago de Compostela aquejado de un cáncer y muere en 1936.
Siempre se mostró anti-burgués. En un principio defendía el tradicionalismo representado por el carlismo. Hacia 1915 da un giro radical, sigue oponiéndose a la burguesía pero desde una posición revolucionaria, llegó a enfrentarse a la dictadura de Primo de Rivera y a militar en el PCE.
Esta evolución ideológica se aprecia en sus textos. Va de un modernismo nostálgico y elegante a una literatura crítica basada en la distorsión de la realidad.
No hay un antes y un después en su literatura, hay una gradual esperpentización. Es en realidad una diferencia gradual, el modernismo y el esperpento son dos lentes a través de las cuales se ve la realidad: unas rosas y otras deformadoras.
Al igual que su novela, su primer teatro es modernista. Los temas son evasivos, el estilo brillante y la actitud rebelde, son obras idealizadas y estetizantes que resultan convencionales y retóricas.
Prueba otros caminos. Un ejemplo es su ciclo mítico, con la trilogía de las “Comedias Bárbaras” como resultado. Se habla de la Galicia mítica y rural; en este escenario los personajes actúan gobernados por instintos y pasiones violentas y primitivas (sexo, dinero, poder) en un clima de supersticiones y mitos. En estos sucesos truculentos se suceden numerosos escenarios y personajes. La culminación de este ciclo es “Divinas palabras” (1920).
Al mismo tiempo escribe farsas donde lo grotesco y la caricatura convierten a los personajes en fantoches y marionetas ridículas. Las más destacadas, ambas de 1920, son “Farsa italiana de la enamorada del rey” y “farsa y licencia de la Reina Castiza”. Un retablo satírico de la España isabelina.
En 1920 encuentra una nueva formula que une todo lo anterior: el esperpento. La primera versión de “Luces de bohemia” da nombre a un género literario propio; basado en la deformación sistemática de personajes y valores con los que ofrece una crítica de la sociedad española.
Algunos de los rasgos formales fundamentales del esperpento son:
Contrastes: entre lo doloroso y lo grotesco, lo trágico y lo cómico, lo bello y lo dañino…
La riqueza del lenguaje, cuidadosamente elaborado y muy personal. Hay una estilización de registros diferentes.
Las acotaciones teatrales son muy literarias, adquieren valor en sí mismas.
Se caracteriza también por la cantidad de escenarios y personajes y tiempo entre las escenas, por lo que durante mucho tiempo se consideraron obras de teatro para leer.
“Luces de bohemia” (1920–1924) narra la última noche y peregrinación del ciego y bohemio poeta Max Estrella (inspirado en Alejandro Sawa, amigo del autor, aunque también tiene algo suyo) por todo Madrid, que acaba muriendo en casa junto a su mujer y su hija, desconocido.
Destaca también “Martes de Carnaval” (1927), una trilogía esperpéntica que recoge “los cuernos de don Friolera”, “las galas del difunto” y “la hija del capitán” esta última pieza sobre la dictadura de Primo de Rivera.
El esperpento se da también en la novela. “Tirano Banderas” trata de una dictadura en un imaginario país hispanoamericano y “el ruedo ibérico” es una serie de novelas referidas al reinado de Isabel II.
Durante mucho tiempo se creyó que eran piezas irrepresentables por la cantidad de escenarios y personajes. Hoy se considera uno de los maestros del teatro de los tres últimos siglos. El valor literario de los esperpentos reside en la ruptura que supone, paralela a las vanguardias. Valle fue un precursor y guía teatro crítico moderno.
El teatro español anterior a 1936: tendencias, rasgos principales, autores y obras más significativas.
Hasta principios del siglo XX el teatro era un medio de comunicación de masas muy asentado, era un entretenimiento muy común y extendido.
Había muchos tipos de teatro atendiendo a las demandas del público pero era ante todo un negocio, de hecho, ya había locales estables.
A principios del siglo XX (entre los 20 y 30 fundamentalmente) comienza a extenderse el cine en España, que comienza a comer terreno al teatro y a convertirse en el fenómeno de masas más extendido.
El teatro se encuentra condicionado por el público, que cada vez más está representado por la burguesía. Por tanto no interesan los problemas sociales o ideológicos, por tanto los empresarios hacen concesiones al público. Así se entiende la pobreza del teatro de esta época.
Está al margen de los movimientos renovadores extranjeros, son obras bastante limitadas que han envejecido rápidamente.
El teatro comercial que triunfaba no tenía excesivas complicaciones, género heredado del romanticismo.
Algunos se acercaron al naturalismo: Galdós “Realidad” (1892), Jacinto Benavente “El nido ajeno” (1894) y “Juan José” de Joaquín Dicenta, con ambientes reales y diálogos conversacionales. Benavente continuó y fue el encargado de dar lugar a un nuevo teatro.
Benavente fracasó con “el nido ajeno”, una crítica sobre la situación de la mujer de clase media, por lo que enfocó su literatura hacía temas más burgueses. “la comida de las fieras” (1898) fue su primer éxito. Desde entonces repitió las fórmulas teatrales.
Problemas poco conflictivos, diálogo elegante, natural e ingenioso.
Escribe comedias burguesas como “Rosas de otoño” (1905) y dramas rurales como “la malquerida” (1913) que junto “los intereses creados” (1907) es la más apreciada.
Surgió un nuevo género: los sainetes, caracterizados por un ambiente pintoresco de regiones como Madrid o Andalucía que incluyen un reflejo humorístico y exagerado de los ambientes y personajes populares; generalmente breves. Destaca Carlos Arniches en el madrileñismo con por ejemplo “el santo de la Isidra” (1898). Destacan también los hermanos Quintero, “Mariquilla Terremoto” (1930). Más tarde se hermana con el género chico.
En torno a 1916 se crea un nuevo género: la comedia grotesca (personajes caricaturescos y trágicos) como en “la señorita de Trevélez”.
Hay un teatro en verso influencia del modernismo, con temas históricos e ideología conservadora. Destaca Eduardo Marquina con “en Flandes de ha puesto el sol” (1910). Se tacha de escapista.
En la generación del 98 Unamuno o Azorín publican teatro, destaca Jacinto Grau con su prosa poética y temas tradicionales, por otra lado destaca “el señor de Pigmalión” (1921) en la que unos muñecos asesinan a su creador. Ramón Gómez de la Serna intenta un teatro no comercial como el de “los medios seres” (1929) sobre la frustración. Todas de escaso alcance.
La generación del 27 procuró acercar el teatro a todos los rincones de España, surgieron iniciativas como “la barraca” de Lorca o las Misiones Pedagógicas republicanas. Ocasionalmente se acercaron autores como Alberti, Salinas o Miguel Hernández, muchas de las veces con fines propagandísticos como “noche de guerra en el museo del prado” (1931) de Alberti.
Alejandro Casona mezcla realidad y fantasía con un lenguaje retórico y seudopoético. Adquiere fama en el extranjero y posteriormente en España con obras como “Nuestra Natacha” (1936).
Max Aub escribe obras vanguardistas y antirrealistas como “espejo de avaricia” (1935) y “San Juan” (1943) donde narra la historia de unos judíos huidos del nazismo que naufraga por no tener donde atracar.
Pedro Muñóz seca escribe un teatro cómico que no va por la línea del casticismo, con situaciones absurdas y continuos chistes como, la más popular es “la venganza de Don Mendo” (1918). Es uno de los asesinados por comunistas en Paracuellos.
Solo dos autores conciben realmente otro tipo de teatro: Federico García Lorca y Ramón María del Valle-Inclán.
Ramón Valle Peña (1866-1936) sufre una evolución ideológica, siempre en contra de la burguesía, desde el tradicionalismo carlista al comunismo que se aprecia en sus textos. Se produce una gradual esperpentización.
En 1920 publica cuatro obras dramáticas decisivas: “Farsa italiana de la enamorada del rey” de marionetas grotescas, “Farsa y licencia de la Reina Castiza” una deformación de la Corte de Isabel II, “Divinas palabras” (sobre el mundo rural gallego) y “Luces de Bohemia”.
Esta (1920–1924) narra la última noche y peregrinación del ciego y bohemio poeta Max Estrella (inspirado en Alejandro Sawa, amigo del autor, aunque también tiene algo suyo) por todo Madrid, que acaba muriendo en casa junto a su mujer y su hija, desconocido
Surge con ellas el esperpento: deformación sistemática de personajes y valores para elaborar una crítica de la sociedad española. Los personajes parecen ser marionetas ridículas y de pesadilla, aunque siente ternura hacia los desvalidos. Es como si toda la realidad desfilara ante los espejos cóncavos del callejón del Gato.
Es el precursor y guía en el moderno teatro crítico
Durante mucho tiempo se creyó que eran piezas irrepresentables por la cantidad de escenarios y personajes. Hoy se considera uno de los maestros del teatro de los tres últimos siglos.
Federico García Lorca (1898-1936) pertenece a la generación del 27 pero no cultivó el teatro esporádicamente como sus coetáneos. Puede llamarse poético por la raíz poética de sus argumentos y temas.
Predominan temas como el enfrentamiento entre el individuo y la autoridad, la libertad y el deseo reducidos por el sometimiento a la tradición y las convenciones sociales.
Su primer intento es fallido “el maleficio de la mariposa” (1919).
Escribe también farsa de guiñol como el “retablillo de Don Cristóbal” (1931). Para actores escribió otros como “la zapatera prodigiosa”.
Escribió también piezas cortas surrealistas; “comedia sin título” (1935), premonición de la Guerra Civil.
Como drama lírico destaca “Mariana Pineda” (1923) muestra del protagonismo de la mujer en el teatro de Lorca. Al igual que en su poesía todos los protagonistas están abocados a la tragedia.
Destaca su trilogía rural: “bodas de sangre” (1932), “yerma” (1934) y “la casa de Bernarda Alba” (1936) que destacan por la índole sexual de los problemas tratados, la mujer protagonista, la ambientación rural y el desenlace trágico.
La última es su cumbre teatral, donde se concentran todos los elementos lorquianos, sus obsesiones y en la que el lenguaje adquiere un tono poético difícilmente superable.
El teatro español posterior a 1936. Tendencias, rasgos principales, autores y obras más significativas.
El impacto de la Guerra Civil sobre el teatro fue tremendo. A la muerte y exilio de autores, directores, escenógrafos y actores, habría que añadir el acentuamiento de las presiones comerciales y, sobre todo ideológicas por medio de la censura para explicar la pobreza que, en todos sus aspectos, afecta al teatro desde 1939. Se instauró el hábito de la autocensura en los autores.
El teatro de los años 40 es poco interesante. Esta condicionado por la sociedad burguesa del momento. Representa una realidad falsificada: es viejo y desdeña lo experimental. Hay varias corrientes en cuanto a representaciones teatrales: Teatro cómico (heredero del Sainte con situaciones tópicas y chistes lingüísticos) y el histórico político (de evasión acerca de héroes y glorias del pasado; es paralelo al cine de la época).
Junto al teatro comercial también tienen lugar representaciones de algunos valiosos autores extranjeros como Oscar Wilde, Tennessee Williams o Arthur Miller, que influirán en autores de los 50. También se representan clásicos españoles y extranjeros.
La creación dramática sigue dos líneas:
Draga burgués: continuación de la comedia benaventina. Autores como Joaquín Calvo-Sotelo, Edgar Neville y hasta su muerte Benavente. Sea cual fuere su temática defienden valores conservadores.
Teatro de humor: quizá lo más interesante del periodo. Enrique Jardiel Poncela crea una comicidad de lo inverosímil caracterizada por la ruptura con las formas tradicionales de humor, por desasirse de la lógica, su huida del tópico y su concepción de la técnica teatral y el espacio escénico; su fracaso le obliga a limitar su innovación: “Eloisa está debajo de un almendro” o “Un marido de ida y vuelta”.
Miguel Mihura escribió en 1932 “Tres sombreros de copa” que se estrenó 20 años después. Su humor es cercano a lo absurdo. Se burla de los hábitos burgueses y provincianos. Resultaba muy osado pero para cuando tuvo éxito había cambiado sus temas, hacia comedias “normales” como “Maribel y la extraña familia”.
El teatro de los 50 se abre con tres importantes estrenos: “Historia de una escalera” de Buero Vallejo, “Tres sombreros de copa” de Mihura y “Escuadra hacia la muerte” de Alfonso Sastre. Estos dos últimos reflejaban los problemas del momento, desde una visión existencialista que derivaría hacía la preocupación social.
Son los claves de esta generación realista junto a Carlos Muñiz, Lauro Olmo o José Martín Recuerda. Abordan problemas obreros o estudiantiles, las desigualdades y la falta de humanidad. Fueron obras soterradas. Las dificultades llevaron a los autores a la evolución o al silencio.
Alfonso sastre es el más importante e inquieto del grupo. Adopta diversas maneras de compromiso: enfoque metafísico de “cargamento de sueños”, denuncia del militarismo en “Escuadra hacia la muerte”, la llamada a la revolución en “la sangre y la ceniza” o la investigación lingüística de “la taberna fantástica”.
Destaca sin duda la figura de Antonio Buero Vallejo. Su producción está marcada por el compromiso ante los temas humanos más universales ya sean existenciales o sociales.
Sus obras persiguen la catarsis: conmover al espectador y moverlo a luchar para cambiar la situación. Su teatro es posibilista: crítica justo hasta la línea que permite la censura vigente.
El diálogo y los espacios escénicos, decorados, música, sonido, movimiento de los actores… ocupan un papel fundamental en el significado global por lo que sus textos incluyen numerosas acotaciones. Trata de hacer partícipe al espectador convirtiéndolo en ciego en “en la ardiente oscuridad”.
Destacan sus dramas históricos como “un soñador para un pueblo” o las obras con personajes con taras: “la fundación” o “en la ardiente oscuridad”.
A finales de los 60 surgen un movimiento renovador, una cercamiento a las corrientes extranjeras: el teatro épico de Bertolt Brecha, el underground, el teatro del absurdo… El teatro independiente frente al comercial, sacará al teatro español del aislamiento y la rutina.
Surgen grupos de teatro independiente, al margen de los circuitos culturales establecidos a pesar de los obstáculos surgen grupos por toda la península. Defienden la creación colectiva y la improvisación, la infravaloración del texto frente al espectáculo (provenientes del cabaret y la revista), el enfoque crítico y la ruptura con las convenciones estéticas. Destacan algunos como Els Joglars, Tábano o Castañuelas 70. Se rompe el espacio escénico convencional, proliferando los happenings.
Los autores individuales se enfrentan con más obstáculos que los del realismo social: siguieron siendo críticos y las novedades e innovaciones no fueron comprendidas ni aceptadas por un público y crítica conservadores. De ahí que hablemos de un teatro subterráneo, soterrado o undergroud como en la generación anterior. Francisco Nieva es un autor completo, diseña todos los elementos teatrales, crea el “teatro furioso” (“la carroza de plomo candente”). Fernando Arrabal consigue fama con sus obras escritas en el exilio francés. Su “teatro pánico”, provocador y rebelde, recoge elementos vanguardistas y del absurdo: “los hombres del triciclo” o “el cementerio de automóviles”.
El fin de la dictadura provoca dos tendencias: montar obras de autores clásicos exóticos y textos silenciados del pasado inmediato.
La expectación fue enorme pero sorpresivamente el público no asimila los cambios y deserta de los teatros rechazando obras de Lorca, Alberti y otros.
Quizá el autor de más éxito estos años sea Antonio Gala que trata sobre temas y problemas femeninos generalmente, mezclando simbolismo con dramas realistas o recreaciones históricas: “anillos para una dama” o “Samarkanda”.
Destaca también la comedia humorística de José Luís Alonso de Santos que refleja la sociedad actual: “la estanquera de Vallecas” o “bajarse al moro”.
El actor, director y escritor Fernando-Fernán Gómez triunfó dentro del realismo con “las bicicletas son para el verano” (1982).
Los teatros independientes se profesionalizan y convierten en estables. Se ha impuesto un teatro estatal, apartando las propuestas más innovadoras. Así en los últimos años encontramos poca novedad: autores consagrados, reposición de obras de mayor o menor éxito y creaciones nuevas relacionadas con las preocupaciones actuales.
Se hace pareja el peso del autor y el director en la obra.
Destacan dramaturgos como: Paloma Pedrero, Ernesto Caballero o Eduardo Galán.
A pesar de todo ello el teatro español está saliendo a pasos agigantados de la crisis teatral que tuvo lugar en los 70: aumentando y mejorando su oferta dramática.
La obra teatral de Antonio Buero Vallejo.
Antonio Buero Vallejo (1916-2000) nació en Guadalajara. Desde joven sintió afición por la pintura y los libros. En la Guerra Civil combatió con el bando republicano. Fue condenado a muerte, pero al finalizar la contienda se le conmuta la pena. En la cárcel de Ocaña fue compañero de celda de Miguel Hernández, que moriría enfermo en Alicante. En 1946 sale en libertad condicional y decide volcarse en el teatro, al que dedica el resto de su vida.
Durante toda la dictadura franquista (1930-1975) la censura fue un condicionante para cualquier forma de expresión artística. En todas las artes y en literatura existían dos posibilidades: una tendencia imposible (llamaba a las cosas por su nombre, la crítica era directa; Alfonso Sastre) y una línea posibilista en la que los autores se quedaban en el margen de lo censurable y lo permitido para criticar aspectos de la sociedad y política española, que era en la que se movía Buero Vallejo. Es simplemente esta una actitud práctica. Por ello sus obras fueron representadas.
El género adoptado por Buero Vallejo es la tragedia. Con ella se pretende la catarsis del espectador (éste debe conmoverse con lo representado y sentirse impulsado a luchar para cambiarlo). Esto es doblemente problemático para el espectador: le enseña los problemas pero no le ofrece una resolución, suelen tener un final abierto como “la fundación”.
En los dramas de este autor el diálogo ocupa un papel importante. El lenguaje de los protagonistas se caracteriza por su densidad, hondura y precisión. No descuida tampoco los aspectos espectaculares del teatro. El espacio escénico suele estar descrito con minuciosidad en las acotaciones, porque los objetos, su disposición y el ambiente adquieren una significación concreta. En “el tragaluz” aparecen varios espacios simultáneamente en escena. Tampoco los gestos de los actores y sus movimientos, como la música los ruidos o juegos de luces son gratuitos, son necesarios para una significación global de la obra.
Utiliza efectos de inmersión: en algunos momentos, el autor trata de hacer partícipe al espectador de lo que ve en escena. Así, si los personajes son ciegos (“en la ardiente oscuridad”) o sordos (Goya en “el sueño de la razón”) el escenario se oscurece o no se oye hablar a los actores.
El autor emplea temas históricos como en “un soñador para un pueblo” o escenas metafóricas y personajes con taras físicas como “en la ardiente oscuridad” o “la fundación” para simbolizar las limitaciones humanas al enfrentarse con la realidad.
Dos de sus obras más populares son:
“historia de una escalera” que refleja la imposibilidad de cambiar las cosas. En un portal pasa una generación pero las relaciones de dos familias siguen como hasta entonces. De esta manera las esperanzas se convierten en frustraciones.
“la fundación” trata de un joven, Tomás, que cree estar becado en una fundación para el progreso, pero realmente se encuentra en una cárcel condenado a muerte. El protagonista ha creado su propia realidad empujado por el miedo, se ha vuelto loco al descubrir que está en la cárcel y ha delatado a compañeros. Para liberarse debe librarse de las dos barreras: su locura y los muros de la prisión. Debe arriesgar la vida y la mente para salvarse.
La narrativa española posterior a 1936. Tendencias, rasgos principales, autores y obras más significativas.
La novela del siglo pasado se caracteriza por su extraordinario desarrollo y madurez. Puede decirse que autores como Galdós, Dickens o Balzac agotan el género tal y como se conocía entonces. En nuestro tiempo, cuando los autores han querido expresarse con originalidad lo han tenido que hacer renovando o cambiando la tradición: a favor o en contra de la novela naturalista. Esta era un subgénero narrativo con cierta rigidez formal, clara sistemática y completa (de hecho esta base narrativa se emplea para los “best sellers”, el cine o la novela comercial en general) y pretende ser verosímil.
La literatura del XIX tiene tres coordenadas fundamentales: narrador omnisciente, novela racional y ordenada y lector semipasivo. La renovación varía estas constantes de modo muy diverso, en general: ampliando las posibilidades del narrador y reduciendo sus perspectivas, cambiando la estructura tradicional y buscar una mayor participación del lector, no “se le da todo hecho”.
En este tema dejamos a parte la novela popular o de entretenimiento y los llamados “best sellers” o novelas comerciales dado la gran variedad de estructuras.
Según el novelista Ernesto Sábato, los atributos fundamentales de la novelística contemporánea son:
Descenso al “yo”, la observación del mundo desde ahí, el contacto con el otro a través de los mundos interiores y el cuerpo (teniendo un papel fundamental el sexo).El tiempo se expresa como lo sufre el personaje no mediante unidades físicas. Queda cierta influencia del surrealismo, del mundo onírico. La lógica y coherencia del XIX cambian, se utiliza a veces la lógica de la locura.
La literatura se revaloriza como vía de conocimiento dado que a la ciencia se le escapan elementos como los sentimientos o las emociones, necesarios para explorar la realidad.
Se generaliza el estilo indirecto libre y un estilo que lo supera: el monólogo interior. Hay una gran variedad de perspectivas: única, múltiple o en rotación. Aparece la narración en segunda persona. Se juega con las estructuras (sobre todo a partir de los 60) y el personaje adquiere una mayor complejidad, apareciendo el protagonista colectivo (sobre todo en la novela de denuncia social).
Se mezcla lo escrito con otros elementos que van más allá de la literatura, como ocurre con los “juegos de rol”.
Uno de los pioneros de estas innovaciones es James Joyce en cuanto al monólogo interior (“Ulises”, 1922) que refleja el caos interior de los personajes. En España aparece a partir de “Tiempo de silencio” (1962) de Luís Martín Santos y “Cinco horas con Mario” (1966) de Miguel Delibes.
Marcel Proust en “En busca del tiempo perdido” moldea el tiempo atendiendo a sus propias vivencias: instantes que se alargan y etapas enteras que se condensan en una frase. Además prescinde del héroe, pues nada en la vida es tan complejo como en la novela y nada hay más rico que la propia vida. Prescinde de todo prejuicio.
Franz Kafka escribe la angustia ante una situación extravagante e incomprensible, resuena en los escritores posteriores del mismo tema. Se concreta en el temor al poder y a la máquina del Estado.
TRAS LA GUERRA CIVIL
La Guerra Civil supone una ruptura, aparecen condicionantes como la censura. Algunos autores afines al régimen escriben novela de exaltación patriótica y propaganda franquista (Rafael García Serrano, José María Alfaro o José María Pemán). La intolerancia crea un empobrecimiento cultural, pocos consiguen publicar sus obras.
EXILIO
No son un grupo homogéneo pues apenas mantienen rasgos comunes.
Ramón José Sender es el más prolífico y afamado. Tiene una tendencia realista y social donde destacan los temas sobre la Guerra Civil y España como en “Réquiem por un campesino español”. Tiene otros títulos humorísticos como “la tesis de Nancy”.
Rosa Chacel se caracteriza por su cuidado estético y la influencia de Gasset. Destaca “la sinrazón”.
Max Aub es inclasificable. Oscila entre el realismo “las buenas intenciones” y la experimentación: “juego de cartas” (escrito en una baraja que se puede leer con orden cambiante) o “Jusep Torrens Campalas”, biografía de un pintor imaginario.
POSGUERRA EN ESPAÑA, AÑOS 40
Salvo excepciones no abunda la calidad novelística.
Destacan la publicación de obras que hablan de una existencia desoladora y conflictiva: “la familia de Pascual Duarte”, una obra tremendista, de Cela (1942) y “Nada” de Carmen Laforet (1945).
AÑOS 50, NOVELA SOCIAL
Despuntan algunos autores que comenzaron su andadura en los 40.
La novela renace. Se caracteriza por el compromiso social y ser un instrumento de denuncia. Predomina la intención política sobre la estética. Reflejan la realidad española y las injusticias casi de manera documental. Son objetivas, predomina el diálogo, el lenguaje sencillo (a veces poco elaborado) y el desarrollo breve de la acción.
Critican la insolidaridad y la cultura triunfalista y oficial del momento.
Destacan autores como Carmen Martín-Gaite, Rafael Sánchez Ferlosio o Ana María Matute.
Cela Trulock fue siempre provocador e inconformista, innovador y cambiante en cada obra. Con “la colmena” introduce en España el protagonista múltiple; “cristo versus Arizona” es una sola oración; “Mrs. Caldwell habla con su hijo” es un monólogo a través de cartas. Escribe también obras misceláneas con contenido provocativo, erótico, escatológico o escandaloso. Se caracteriza por su acidez unida a la compasión, su prosa es elaborada y rica. Recibió el Nobel en 1989. Perteneció a la RAE (era el menos asiduo a la reunión de los jueves). Cultivo el gusto por la provocación por lo que fue un personaje con numerosas anécdotas.
Miguel Delibes fue periodista y caricaturista en sus comienzos. Se da a conocer con “la sombra del ciprés es alargada” (1948) trata de la existencia en tonos de muerte e infelicidad. “el camino” (1950) trata de un niño que descubre la vida, en un tono sobrio y sencillo plasma el paisaje castellano. Sus obras más populares son “cinco horas con Mario” (monólogo de Carmen a su difunto que yace muerto) y “los santos inocentes”, desgarradora y cruda.
Gonzalo Torrente Ballester conoce el éxito tras la biografía “los gozos y las sombras”. Escribe novelas vanguardistas, “la saga/fuga de J.B.” o humorísticas como “Crónica del Rey Pasmado”. Su ceguera final no le impidió seguir escribiendo.
DESDE LOS AÑOS 60
Comienza a aburrir la proliferación de novelas de un mismo estilo. Se tiende a superar la estructura técnica, superar las imposiciones del realismo social, experimentar con fórmulas narrativas desusadas y audaces. El monólogo interior continúa utilizandose.
La renovación es muestra de una censura más flexible, una mejora económica, el turismo y la llegada del boom hispanoamericano con autores como Gabriel García Márquez (“cien años de soledad”) o Marío Vargas Llosa (“la ciudad y los perros”).
La novela experimental del principio acaba cansando al público por su complejidad e interesando solo a un pequeño sector.
DESDE LOS 70 Y 80
La novela recupera sus formas tradicionales debido sobre todo a la creciente importancia de la literatura como producto comercial. En ocasiones se ha derivado hacia la novela de género, por tender a la anécdota. El realismo es la línea más seguida ahora aunque la experimentación de los 60 sigue vigente en algunos textos.
“tiempo de silencio” cambia el rumbo de la novela. Parte de la denuncia social a partir de técnicas novedosas. Se utilizan para ello la ironía y el humor. Trata de demostrar con la novela los condicionantes del comportamiento humano. El lenguaje es muy complejo. Utiliza varias perspectivas narrativas, divide el relato mediante espacios en blanco y emplea abundantes referencias simbólicas, digresiones e intervenciones irónicas para comentar los sucesos, el argumento es solo el hilo conductor, los personajes encuentran conflictos y utiliza también el monólogo interior. Luis Martín Santos hubiera sido uno de los grandes escritores de hoy día, murió en un accidente de tráfico en 1964.
Los integrantes de la generación del medio siglo son entre otros:
Juan Goytisolo: en su novela busca un sentido a la vida. Experimentación audaz: rompe con el espacio y el tiempo, narra en segunda persona, utiliza recursos estilísticos (otros idiomas o habla coloquial) y narrativos (monólogo interior, poemas narrativos…). La más popular es “juegos de manos”. En sus últimos libros muestra su desarraigo.
Juan Marsé destaca por sus obras críticas a la burguesía: “últimas tardes con Teresa”, “la muchacha de las bragas de oro” o “la oscura historia de la prima Montse”.
Otros autores son Juan García Hortelano, Luis Goytisolo y Carmen Martín Gaite.
DE LOS AOÑS 70 A LA NOVELA ACTUAL
En los 70 destaca la generación del 68: cansados de las acrobacias narrativas, regresan a una novela más tradicional (argumento importante, destacan las adaptaciones cinematográficas; aparecen géneros menores; la novela se desvincula de lo social y político, se centra en el conflicto personal; predomina el desencanto).
“la verdad sobre el caso Savolta” se publica en 1975, de Eduardo Mendoza. Fue un gran éxito por su argumento claro y rico y unos personajes bien definidos; mezcla recursos técnicos y materiales narrativos como el desorden cronológico. Es una novela-gozne: entre el experimentalismo de los 60 y lo tradicional de los 70 (ocurre lo mismo en sus dos partes). Mendoza continua escribiendo, algunos de sus títulos más populares son: “El laberinto de las aceitunas”, “la ciudad de los prodigios” o “sin noticias de Gurb”. En su última publicación (2006) “Mauricio o las elecciones primarias” abandona todos los recursos que hicieron popular el caso Savolta.
Francisco Umbral tiene un estilo personal y polémico, muy crítico. Ha renovado el columnismo periodístico. Tiene más de 80 libros con temática y recursos muy diversos. Es uno de los maestros de la metáfora y la imagen poética, imposible de encuadrar en ninguna corriente. Destacan “trilogía de Madrid” o “mortal y rosa”.
Manuel Vázquez Montalban es un notable cultivador del género policíaco, su obra más popular es la serie protagonizada por el detective privado Pepe Carvalho con títulos como “los mares del sur”.
En los 90 destaca la novela tradicional y es importante el cultivo de relato breve. Destacan nombres como Javier Marías, Rosa Montero, Antonio Muñoz Molina o Juan José Millás que escribe con sentido del humor e ironía.
El máximo vendedor de esta década es Arturo Pérez Reverte: tradicional. Cultiva subgéneros. Destacan sus novelas de aventuras protagonizadas por el “Capitán Alatriste” recientemente llevada al cine.
Antonio Gala es otro gran superventas. Cultiva novelas preferentemente dirigidas al público femenino. Destaca en este estilo “la pasión turca”.
Se continúa cultivando la literatura en lenguas vernáculas como es el caso de las novelas de Bernardo Atxaga, Anjel Lertxundi o Manuel Rivas.
Destacan las novelas de género, generalmente conformada por novelas comerciales:
Ambientación histórica: sobre todo a partir del éxito de “el nombre de la rosa” de Umberto Eco. Destacan Néstor Lujan y Terenci Moix con “no digas que fue un sueño”. Están teniendo estas novelas en los últimos tiempos un éxito que nadie esperaba y están consiguiendo uno de los públicos más fieles de la literatura.
En novela negra destacan Vázquez Montalbán y Raúl del Pozo.
En aventuras, grandes “best sellers” además de los citados, destacan Javier Vázques Figueroa y Fernando Quiñones.
El género de ciencia ficción funciona al margen del mercado. Destaca Antonio Benítez, Javier Negrete, Javier Radal, Domingo Santos… los beneficios son muchas veces inexistentes.
ÚLTIMOS TIEMPOS
Podemos hablar de nuevos autores en los que no hay uniformidad. Destacan la “generación x” con José Ángel Mañas (“historias del Kronen”) y Ray Loriga. Aunaban estos la novela testimonio de su generación frustrada.
Otros valores jóvenes, alejados de esa generación, y con prosa en la que predomina el lenguaje coloquial-vulgar, son Ignacion Martínez de Pisón (“Carreteras secundarias”), Lorenzo Silva (“el alquimista impaciente”) o Juan Manuel Prada (“Coños”). Otro nombre sonado es el de Javier Certas a partir de “soldados de Salamina”.
Los críticos o las mismas editoriales han creado un subgénero denominado literatura femenina escrita ¿para mujeres?, ¿por mujeres?, ¿sobre mujeres?. Destacan Almudena Grandes (“las edades de Lulú”), Belén Copegui (“la conquista del aire”) o Espido Freire (“melocotones helados”). Su lanzamiento se intensificó por las obras de autoras como Isabel Allende.
La literatura juvenil española atraviesa una crisis, nada que ver con el panorama internacional (en los últimos años hemos asistido a fenómenos como el de “Harry Potter”, “el señor de los anillos” o “la historia interminable”). A pesar de ello destacan autores como Fernando Lalana, Lorenzo Silva y la serie de “Manolito Gafotas” escrito por Elvira Lindo.
En los últimos años la literatura responde a criterios comerciales, se ve como un negocio, no como un arte. Las grandes editoriales persiguen la venta masiva. Muchas veces utilizan estrategias como valiosos premios (el Planeta o el Manuel Lara) que debido a estos motivos han perdido en parte su validez ante el público experto.
Destacan también la cantidad de periodistas y personajes de los medios de comunicación que se embarcan en proyectos literarios: Ángeles Caso, Arturo Pérez Reverte, Ana Rosa Quintana…
Está el caso de los “best sellers” o novelas de encargo: éxitos prefabricados a partir de una serie de ingredientes. Algunos superan todas las previsiones como “el código Da Vinci”.
Se sigue cultivando la novela popular o de género.
El cine influye notablemente en la producción literaria: muchas son las novelas que se adaptan a la gran pantalla y otras tantas las que se publican con vistas a ser guionizadas.
A pesar de ello surgen voces disidentes cuya repercusión se comprobará en los próximos años o décadas.