EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN
En la evolución del movimiento natural de la población española se distinguen diversas etapas o regímenes demográficos a lo largo de los cuales la natalidad, la mortalidad y el crecimiento natural presentan rasgos homogéneos. Estas etapas son el régimen demográfico antiguo, la transición demográfica y el régimen moderno. El paso de unas a otras ha sido más tardía que en otros países europeos.
RÉGIMEN ANTIGUO: antes de la revolución industrial (1850) y principios del XX
Se caracteriza por altas tasas de natalidad y mortalidad (crecimiento natural bajo).
La natalidad presentaba valores elevados a principios de siglo, aunque experimento un ligero descenso a partir del último tercio del XIX.
Predominio de una economía y sociedades rurales, los hijos eran un seguro y una ayuda económica para los padres.
No había sistemas eficaces para controlar los nacimientos, la única posibilidad era retrasar la edad de matrimonio (casi imprescindible para tener descendencia), acortando así el periodo fértil de la mujer.
La mortalidad general era alta y oscilante. Desde la década de 1870 desciende ligeramente. Las causas eran diversas.
La dieta alimenticia era escasa por la baja productividad agraria y desequilibrada por la falta de proteínas (el alimento base de la población era el pan). La mayoría de la población estaba malnutrida y debilitada.
Las enfermedades infecciosas trasmitidas a través del aire o el agua eran abundantes. Se veía favorecido por el atraso médico, desconocimiento de modos de transmisión y falta de higiene privada y pública (falta de equipamientos y demás).
Además de la mortalidad general había momentos de alta mortalidad catastrófica causada por epidemias, guerras o malas cosechas.
La mortalidad infantil presentaba también valores elevados, tanto la neonatal por defectos congénitos y problemas en el parto, como la postneonatal por infecciones y desnutrición.
Como resultado el crecimiento natural era bajo y presentaba oscilaciones debidas a las crisis de sobremortalidad.
TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA (1900-1975).
Es el paso del régimen demográfico antiguo al actual. Se produjo más tarde que en otros países de la Europa occidental fue breve pero su intensidad fue mayor. Supuso una disminución gradual de la natalidad y un brusco descenso de la mortalidad: alto crecimiento natural.
La natalidad descendió de forma suave y discontinua, alternando periodos de mayor decrecimiento con otros de recuperación (atendiendo a los acontecimientos históricos).
En los 20: prosperidad económica y recuperación demográfica.
1930-1956: se reanudó el descenso. Crisis de 1929, inestabilidad política de la II República y posteriormente la Guerra Civil y Posguerra que ocasionaron una generación hueca (consecuencia de la subnatalidad). El exilio fue abundante por las dificultades económicas derivadas de la política autárquica y el bloqueo internacional. La política pronatalista del régimen no era suficiente para recuperar la tasa de natalidad.
El baby boom posbélico fue tardío (hacia 1956-1965), se produjo gracias al desarrollo económico (fin del bloqueo y la autarquía).
Durante los últimos años del desarrollismo se culminó el proceso de éxodo rural y el precio de la vivienda y condiciones laborales hicieron que se redujera el tamaño de la familia.
La mortalidad general descendió notablemente y de forma constante salvo los únicos momentos de mortalidad catastrófica: la gripe de 1918 y la Guerra Civil.
Se produjeron avances médicos e higiénico-sanitarios. Los más destacados fueron las vacunas y los antibióticos, la generalización de los nacimientos en clínicas (disminución de la mortalidad neonatal y femenina en parto y posparto), la extensión de la sanidad pública y la mejora de higiene pública y privada.
Aumentó el nivel de vida; así, mejoró la dieta. En los 60 se superaron la malnutrición y escasez de la posguerra.
Se incrementó el nivel educativo y cultural, se extendieron la prevención y corrección de costumbres tradicionales nocivas.
La mortalidad infantil disminuyó, sobre todo la postneonatal gracias a los progresos en pediatría, alimentación infantil y la mejora del cuidado materno.
El crecimiento natural fue alto, especialmente entre 1920 y 1970, cuando la mortalidad descendió bruscamente, mientras que la natalidad atravesó dos máximos separados por la guerra civil. En 1970 se estancó la natalidad. La mortalidad disminuía más lentamente, la natalidad de manera rápida.
RÉGIMEN DEMOGRÁFICO ACTUAL. Desde 1975
Bajas tasas de natalidad y mortalidad, escaso crecimiento natural.
El hundimiento actual de la natalidad se produjo desde 1975 y ha sido más tardío y brusco que en el resto de la Europa occidental. El índice sintético de fecundidad era de 1,32 en 2004 (2,1 es el mínimo para asegurar el relevo generacional) llegó a 1,15 en 1998. Se ha producido una recuperación poco significativa dado que se debe a la inmigración no al cambio de hábitos de la población española, que mantiene un comportamiento maltusiano desde 1975.
La crisis económica que siguió a la crisis de 1975 hizo aumentar el paro, retrasó la edad de matrimonio (acortando así el periodo fértil de la mujer) y disminuyó por tanto la natalidad. Desde los 80 la precarización de los contratos y el alto precio de compra y alquiler de vivienda impiden a los jóvenes emanciparse (acortando el periodo fértil). La escasez de trabajos a tiempo parcial y guarderías asequibles agrava esta situación.
Se produjo un cambio de mentalidad desde la transición democrática (1975): la iglesia perdió influencia, se extendió el uso de anticonceptivos y se despenalizó el aborto en algunos supuestos. La incorporación de la mujer al trabajo, que pospone la edad de maternidad y el surgimiento de formas familiares distintas al matrimonio y con menos hijos también se encuentran dentro de este cambio.
El aumento cultural y de nivel de vida cambió la valoración de los hijos. Hoy no son un reaseguro sino que se pretende dar unas mejores condiciones de vida (se prefiere así una familia menos numerosa), ya que son básicamente gastos y dedicación.
La mortalidad se mantiene en cifras bajas (8,7 en 2004). Desde 1981 experimenta cierto ascenso debido a la llegada de una amplia población vieja a su techo biológico. Se produce un aumento de la esperanza de vida (en 2004 las mujeres rondaban los 83 años y los hombres los 75).
Las causas de la mortalidad general han cambiado. Disminuye la importancia de las enfermedades infecciosas y aumentan las llamadas CCC (enfermedades cardiovasculares, cáncer y accidentes de carretera). Debido al envejecimiento de la población aumentan los casos de Alzheimer o demencia senil.
La mortalidad infantil es baja, principalmente neonatal. En 2004 era de 3,99 ‰. Todavía tiene margen para reducirse gracias a avances médicos.
Este descenso de mortalidad presenta diferencias entre los sexos y las profesiones.
La esperanza de vida en mujeres es mayor, debido a la mayor fortaleza biológica de éstas y al estilo de vida que tradicionalmente han tenido los hombres: trabajos con mayor indice de riesgo o hábitos nocivos en exceso: como alcohol o tabaco. Estas diferencias se van reduciendo debido a la igualdad sexual en todos los cambios.
Entre profesiones la mortalidad es mayor cuanto menor es la cualificación y el nivel social. Las clases altas además de menor mortalidad tienen acceso a mayor número de servicios sanitarios y de más calidad.
El crecimiento natural actual es muy pequeño como consecuencia de las bajas tasas de natalidad y mortalidad. El 0,09 ‰ en 2004.
Las tendencias que prevé el INE son la continuación del estancamiento de la natalidad, envejecimiento de la población y aumento de la mortalidad debido a la llegada al techo biológico del alto volumen de generaciones con más de 65 años.
Continuarán por tanto las tendencias actuales.