martes, 20 de junio de 2006
SAN AGUSTÍN
RESUMEN

El pensamiento de San Agustín (354-430), filósofo de principios de la Edad Media, está profundamente ligado a sus experiencias vitales.
Su madre (Santa Mónica) se encargó de instruirle en la doctrina cristiana, que no caló en el niño. De retórico pasa a filósofo tras leer el “Hortensio” de Cicerón donde la felicidad consistía en la sabiduría y esta en el conocimiento de la verdad. Esto se convierte en la meta de toda su vida.

La Biblia no le convence por su estilo y misterios.
A los 20 años se une a la secta de los maniqueos por su racionalismo, rechaza el criterio de autoridad (revelación) y de los misterios y la no responsabilidad ya que había un agente del Bien (dios) y otro del mal (el principio de mal). Abandona la secta después de que Fausto, un obispo sabio, no resuelva sus dudas acumuladas.

Raya el escepticismo viendo las limitaciones de la razón humana (que no llega a la verdad y por ello tampoco a la felicidad). En los sermones de San Ambrosio (en Milán) descubre el sentido espiritual de la Biblia. De su materialismo, impedimento para entenderla, lo salva “Eneadas”, de Plotino.
Se convierte totalmente al cristianismo a los 33 años. Estudia, defiende y enseña las verdades cristianas hasta su muerte. El cristianismo ya estaba implantado en el Imperio Romano, del que San Agustín ve el inicio de su desaparición (476). El saqueo de Roma le hace escribir “la ciudad de Dios”, contra quienes achacaban la crisis a la religión.

En el cristianismo parece encontrar la verdad. En aquella época se estudiaban los clásicos y muchos autores cristianos tomaban como propias las palabras de estos autores. Por ello la mayor parte de los que desde creencias cristianas hicieron filosofía debieron plantearse como cuestión previa la relación entre la fe y la razón.
Su posición se resume en la frase: “Entiende para creer y cree para entender”. La frase no sólo expresa una postura teórica, sino que condensa toda su experiencia personal de búsqueda de la verdad.

Desde esta experiencia, el fideísmo de Tertuliano no le parece correcto, porque el hombre no puede echarse ciegamente en brazos de Dios. No le parece honesto. Antes de hacerlo, hay que analizar si el contenido de la fe merece esa confianza, si hay motivos racionales para creer. Esos motivos no están en el contenido de la propia revelación – que incluye misterios incomprensibles para la razón humana- sino en hechos concomitantes a la revelación (historicidad de la misma, fiabilidad de los testigos, milagros…). No se cree a ciegas, pero una vez que se ha creído, la mente se ilumina y tiene acceso a la verdad total. La fe rompe las barreras de la limitación humana.

En la teoría del conocimiento, de clara inspiración platónica, su postura respecto a la relación razón y fe aparece formulada en los siguientes términos: los sentidos no son fuente fiable de conocimiento, no porque nos engañen, sino porque nos engañamos al ponerlos como criterio (en el ejemplo del palo que metido en el agua se ve torcido, nos fiamos de los sentidos como criterios de verdad).
La verdad existe y está dentro del alma del hombre
y otros creen que...